Cien mil euros por equivocarse en una coma en la declaración

La coma puede parecer un signo minúsculo y casi superfluo, pero ese monstruo sin corazón ni cabeza que es en demasiadas ocasiones la burocracia italiana se agarra a ella para arrearle un sablazo de dimensiones colosales al contribuyente. Una coma es la responsable de la pesadilla que sufre Luca Schiavon, un comercial de 52 años de Spilimbergo, una localidad del norte del país.

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