Un robot aprende a hacer café y a dirigir una orquesta sinfónica

Una frase atribuida a uno de los grandes directores de orquesta del siglo XX, Herbet von Karajan, aseguraba que “el arte de dirigir consiste en saber cuándo hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta”. Sea o no cierto que la frase fuera pronunciada alguna vez por el austriaco, el aforismo es brillante porque pone de manifiesto un pensamiento que han compartido muchos aficionados a la música. Anthony Burguess (compositor y novelista, autor de la famosa La naranja mecánica que Stanley Kubrick adaptó al cine) lo expresó en un artículo cargado de ironía: “Subirse a un podio y darle vida a una orquesta no requiere ninguna pericia especial. Es más difícil ser cobrador de autobús o revisor de tren. Al fin y al cabo no es absolutamente necesario que haya un señor moviendo un palito en el podio (…) Los admiradores de los directores de orquesta creen que ellos podrían hacer su trabajo moderadamente bien, y hasta cierto punto así es”.

Leer más: ElPaís

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